jueves, septiembre 08, 2005

Cuervos, buitres

Aún antes de que los malos vientos los trajeran a nuestro cielo, ellos volaban en círculos practicando su danza de la muerte, o quizás ya estaban allí, tal vez habían empezado a comer nuestra carne mucho antes de que nos considerasen muertos. Menudo disgusto les habrá causado, a quienes saben alimentarse de carroña y se hacen amigos de los gusanos, tener que probar un cuerpo todavía vivo, o no, quién sabe, si en definitiva se acostumbraron a la carne podrida por la cobardía, latente y omnipresente (aun hoy en que se creen dueños del cielo); por el miedo vergonzoso de acercarse al que todavía se sostiene con pasión.

No les importa el desprecio porque son desprecio y abominación y repudio, y son la muestra más evidente de que siempre existe un sótano en el que caer y más abajo todavía. Yo y él y el de más allá también somos víctimas; pero algunos, en nuestra conciencia de la derrota, todavía mantenemos la mirada en alto porque ni con sus picotazos al hígado nos han podido doblar. No es consuelo ni se busca, es el orgullo de saber que sus victorias se cocinan escondidas en hornos mugrientos mientras nuestras derrotas son a la luz de un sol que nunca necesitamos ocultar.

A mí, me queda lavarme mil veces y mil más si hiciera falta hasta que pueda quitarme por completo éste odio que me hicieron conocer y se irá, estoy seguro, porque tengo otros paisajes para mirar en donde la belleza nunca jamás tendrá plumas negras ni olores vomitivos; a ellos no les queda nada, ni siquiera saben de qué se trata "ser" (con mayúsculas).


Nota del Autor: No es la tónica del blog (ni se desea) publicar relatos de éste tipo, tan sólo se trata de una explosión de rabia que, espero, no vuelva a ocurrir. Sepan disculpar.